Mis apuntes

Un beneficio oculto de usar agenda

Todos conocemos hoy en día las agendas y, las usemos o no, tenemos claro que son herramientas que ayudan a organizar el tiempo, a gestionarlo mejor. Y aunque son útiles para abonar nuestra prosperidad, creo que tienen un beneficio que va más allá, algo que ayuda a nuestra estabilidad mental.

Para explicar un poco de a qué me refiero, consideremos una situación cualquiera en la que se nos informa a última hora que por una razón u otra el día laboral siguiente se cancela. Razones podrán haber muchas, sin duda, pero simplemente es algo que puede pasar. ¿Qué hacemos en una situación como esta? Bueno, eso depende de cada quién: algunas personas se dedicarán a ver sus series de Netflix favoritas, otras se dedicarán a leer, otras saldrán a montar en bicicleta, etc. En una situación como esta todos podemos improvisar un plan, ya sea que lo dediquemos a algo que hemos querido hacer desde hace mucho tiempo o simplemente a distraernos con algo que nos haga olvidar un poco la rutina del día a día. Y esto no está mal. De hecho, agregar algo de diversión nos puede hacer incluso más productivos. Pero piensa por un momento qué pasa si la situación no va de un día, sino que te han informado que estarás sin trabajo por varios meses, por ejemplo seis. Imagina por un momento que tu pausa es pagada, así que no tienes de qué preocuparte por el dinero. ¡Maravilloso!, podrías decir. Y sí, supongo que una situación así no ha de incomodar a muchos, ¿o tal vez sí? Veamos, al principio podrías dedicar unos días sólo para divertirte viendo Netflix. ¡Genial! Pero con el tiempo te empiezas a quedar sin películas y series para ver, no porque la plataforma tenga pocas, sino porque a medida que vas viendo te empiezas a agotar. Te gustaría hacer algo distinto. Ves el catálogo, sí, pero ya quieres una pausa. Decides entonces que tal vez necesitas unas vacaciones. Te vas tres meses para la playa. Todo es genial. Vas todos los días a nadar al mar, comes afuera, paseas un poco, etc. Pero pasan dos semana, luego tres... Al cabo de un mes ya te conoces todas las playas del lugar y ya no sabes qué más hacer, así que vas al cuarto del hotel y te pones a ver Netflix, pero ahora al lado de playa. Luego de 4 meses desde el inicio de tu pausa forzada se te empiezan a agotar las ideas y te dan ganas de retomar tus funciones nuevamente. Te empiezas a sentir aburrido o incluso agobiado por "no tener nada más qué hacer". Claro, esto en realidad es una ilusión, porque siempre tenemos cosas qué hacer, incluso si creemos que no.

El punto aquí es que aunque suene un poco contradictorio, nos gusta estar ocupados. Supongo que todo ello viene del hecho de que queremos sentirnos útiles. Es más, a veces pienso que no sólo queremos, sino que necesitamos sentirnos útiles. El hecho de andar sin rumbo tiene el potencial de llevarnos a la depresión. ¿Recuerdan esa sensación que a veces teníamos cuando éramos niños al final del año escolar? Primero ansiábamos salir a vacaciones, luego, a dos tercios del tiempo total de estas y ya con poco qué hacer en casa, queríamos regresar a clases. Y aunque justo el día anterior de entrar a clases ya habíamos cambiado de opinión y queríamos seguir de vacaciones, en el fondo el regreso a clases era algo que terminaba por divertirnos.

No es muy difícil ver que cuando toda nuestra vida gira en torno a la improvisación, comenzamos a sentir que no hacemos nada, que vamos en todas las direcciones, pero siempre seguimos en el mismo punto. Aquí es donde nos puede ayudar un poco la agenda, ya que al tener diversas cosas pendientes por hacer (además de tener claro el cuándo las vamos a hacer), nos quitamos un poco la carga mental de precisamente no saber qué más hacer. O al menos le mermas algo de peso, lo que a la larga tu mente agradece.

No digo con esto que toda tu vida tenga que estar completamente determinada por adelantado, pero el hecho de que tengas una cierta guía sí que te facilita las cosas. Ahora, si de repente uno piensa "Ok, entonces empezaré a usar agenda desde hoy y ya está", lo más probable es que, si nunca la ha usado antes, se fracase en el intento, ya que el usar agenda requiere algo de disciplina. Además, al principio es fácil caer en cosas como anotar mucho más de lo que uno realmente puede hacer, ser muy optimista con los tiempos, pasar más tiempo planeando que haciendo, etc. Nada de eso ayuda a fin de cuentas y lo único que hace es abrumar. Con el tiempo aprendí que usar agenda, al menos en mi concepto, no debería ser primer paso, sino el último. Creo es algo a lo que se debería llegar de forma natural luego de empezar a usar una bitácora, algo un poco similar pero mucho más fácil de comenzar y de llevar. Hablo un poco más de esto aquí.

En todo caso, me gustaría que quede resaltado ese beneficio un poco oculto de usar agenda, que puede ayudarte a mantenerte más entretenido, centrado y lejos de esa sensación de andar sin rumbo. Pero, ¡ojo!, ¡magia no hace!. La agenda es sólo una herramienta y si uno realmente quiere que funcione, tarde o temprano va a tener que enfrentarse a dos temas mucho más importantes y profundos: nuestros objetivos en la vida y el plan general para alcanzarlos.