<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom"><title>Mis apuntes</title><link href="https://stevenesquea.com/" rel="alternate"/><link href="https://stevenesquea.com/feeds/all.atom.xml" rel="self"/><id>https://stevenesquea.com/</id><updated>2026-03-11T14:34:00-04:00</updated><entry><title>Un beneficio oculto de usar agenda</title><link href="https://stevenesquea.com/2603111434/un-beneficio-oculto-de-usar-agenda/" rel="alternate"/><published>2026-03-11T14:34:00-04:00</published><updated>2026-03-11T14:34:00-04:00</updated><author><name>Steven Esquea</name></author><id>tag:stevenesquea.com,2026-03-11:/2603111434/un-beneficio-oculto-de-usar-agenda/</id><summary type="html">&lt;p&gt;Todos conocemos hoy en día las agendas y, las usemos o no, tenemos claro que son herramientas que ayudan a organizar el tiempo, a gestionarlo mejor. Y aunque son útiles para abonar nuestra prosperidad, creo que tienen un beneficio que va más allá, algo que ayuda a nuestra estabilidad mental …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;Todos conocemos hoy en día las agendas y, las usemos o no, tenemos claro que son herramientas que ayudan a organizar el tiempo, a gestionarlo mejor. Y aunque son útiles para abonar nuestra prosperidad, creo que tienen un beneficio que va más allá, algo que ayuda a nuestra estabilidad mental.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para explicar un poco de a qué me refiero, consideremos una situación cualquiera en la que se nos informa a última hora que por una razón u otra el día laboral siguiente se cancela. Razones podrán haber muchas, sin duda, pero simplemente es algo que puede pasar. ¿Qué hacemos en una situación como esta? Bueno, eso depende de cada quién: algunas personas se dedicarán a ver sus series de Netflix favoritas, otras se dedicarán a leer, otras saldrán a montar en bicicleta, etc. En una situación como esta todos podemos improvisar un plan, ya sea que lo dediquemos a algo que hemos querido hacer desde hace mucho tiempo o simplemente a distraernos con algo que nos haga olvidar un poco la rutina del día a día. Y esto no está mal. De hecho, agregar algo de diversión nos puede hacer incluso más productivos. Pero piensa por un momento qué pasa si la situación no va de un día, sino que te han informado que estarás sin trabajo por varios meses, por ejemplo seis. Imagina por un momento que tu pausa es pagada, así que no tienes de qué preocuparte por el dinero. ¡Maravilloso!, podrías decir. Y sí, supongo que una situación así no ha de incomodar a muchos, ¿o tal vez sí? Veamos, al principio podrías dedicar unos días sólo para divertirte viendo Netflix. ¡Genial! Pero con el tiempo te empiezas a quedar sin películas y series para ver, no porque la plataforma tenga pocas, sino porque a medida que vas viendo te empiezas a agotar. Te gustaría hacer algo distinto. Ves el catálogo, sí, pero ya quieres una pausa. Decides entonces que tal vez necesitas unas vacaciones. Te vas tres meses para la playa. Todo es genial. Vas todos los días a nadar al mar, comes afuera, paseas un poco, etc. Pero pasan dos semana, luego tres... Al cabo de un mes ya te conoces todas las playas del lugar y ya no sabes qué más hacer, así que vas al cuarto del hotel y te pones a ver Netflix, pero ahora al lado de playa. Luego de 4 meses desde el inicio de tu pausa forzada se te empiezan a agotar las ideas y te dan ganas de retomar tus funciones nuevamente. Te empiezas a sentir aburrido o incluso agobiado por "no tener nada más qué hacer". Claro, esto en realidad es una ilusión, porque siempre tenemos cosas qué hacer, incluso si creemos que no.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El punto aquí es que aunque suene un poco contradictorio, nos gusta estar ocupados. Supongo que todo ello viene del hecho de que queremos sentirnos útiles. Es más, a veces pienso que no sólo queremos, sino que necesitamos sentirnos útiles.
El hecho de andar sin rumbo tiene el potencial de llevarnos a la depresión.
¿Recuerdan esa sensación que a veces teníamos cuando éramos niños al final del año escolar? Primero ansiábamos salir a vacaciones, luego, a dos tercios del tiempo total de estas y ya con poco qué hacer en casa, queríamos regresar a clases. Y aunque justo el día anterior de entrar a clases ya habíamos cambiado de opinión y queríamos seguir de vacaciones, en el fondo el regreso a clases era algo que terminaba por divertirnos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No es muy difícil ver que cuando toda nuestra vida gira en torno a la improvisación, comenzamos a sentir que no hacemos nada, que vamos en todas las direcciones, pero siempre seguimos en el mismo punto. Aquí es donde nos puede ayudar un poco la agenda, ya que al tener diversas cosas pendientes por hacer (además de tener claro el cuándo las vamos a hacer), nos quitamos un poco la carga mental de precisamente no saber qué más hacer. O al menos le mermas algo de peso, lo que a la larga tu mente agradece.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No digo con esto que toda tu vida tenga que estar completamente determinada por adelantado, pero el hecho de que tengas una cierta guía sí que te facilita las cosas.
Ahora, si de repente uno piensa "Ok, entonces empezaré a usar agenda desde hoy y ya está", lo más probable es que, si nunca la ha usado antes, se fracase en el intento, ya que el usar agenda requiere algo de disciplina. Además, al principio es fácil caer en cosas como anotar mucho más de lo que uno realmente puede hacer, ser muy optimista con los tiempos, pasar más tiempo planeando que haciendo, etc. Nada de eso ayuda a fin de cuentas y lo único que hace es abrumar. Con el tiempo aprendí que usar agenda, al menos en mi concepto, no debería ser primer paso, sino el último. Creo es algo a lo que se debería llegar de forma natural luego de empezar a usar una bitácora, algo un poco similar pero mucho más fácil de comenzar y de llevar. Hablo un poco más de esto &lt;a href="#" class="wikilinks wikilink-missing"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En todo caso, me gustaría que quede resaltado ese beneficio un poco oculto de usar agenda, que puede ayudarte a mantenerte más entretenido, centrado y lejos de esa sensación de andar sin rumbo. Pero, ¡ojo!, ¡magia no hace!. La agenda es sólo una herramienta y si uno realmente quiere que funcione, tarde o temprano va a tener que enfrentarse a dos temas mucho más importantes y profundos: &lt;a href="#" class="wikilinks wikilink-missing"&gt;nuestros objetivos en la vida&lt;/a&gt; y &lt;a href="#" class="wikilinks wikilink-missing"&gt;el plan general para alcanzarlos&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;</content><category term="General"/></entry><entry><title>La torre de nuestro orgullo</title><link href="https://stevenesquea.com/2602231548/la-torre-de-nuestro-orgullo/" rel="alternate"/><published>2026-02-23T15:48:00-05:00</published><updated>2026-02-23T15:48:00-05:00</updated><author><name>Steven Esquea</name></author><id>tag:stevenesquea.com,2026-02-23:/2602231548/la-torre-de-nuestro-orgullo/</id><summary type="html">&lt;p&gt;Con el paso del tiempo, al analizar mi propio comportamiento y el de las personas que me rodean, personas normales con una vida común y corriente, me he dado cuenta de algo bastante curioso, aunque al mismo tiempo un poco desconcertante por lo incómodo que puede resultar admitirlo. Se trata …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;Con el paso del tiempo, al analizar mi propio comportamiento y el de las personas que me rodean, personas normales con una vida común y corriente, me he dado cuenta de algo bastante curioso, aunque al mismo tiempo un poco desconcertante por lo incómodo que puede resultar admitirlo. Se trata del hecho de que cuanto más alta es la torre del orgullo en la que una persona decide habitar y más fuerte es la caída potencial a la que se puede enfrentar, mayor es el miedo a caer. Esto no es algo nuevo, pero causa que la persona, ante la más mínima brisa, se aferre con mucha energía a lo que encuentre a su disposición para no caer. ¿Pero a qué me refiero con esto? Bueno, simplemente que a veces nuestro orgullo se convierte y ni siquiera nos damos cuenta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pensemos por un momento en aquella vez que hemos dicho o hecho algo que va directamente en contra de lo que intentamos proyectar. Luego empezamos a dar una larga explicación de por qué lo que hemos dicho es coherente con lo que proyectamos o decimos normalmente, llegando incluso a hacer unos análisis que son tan complejos, que son dignos de una tesis doctoral. El problema de todo esto es que, lejos de la objetividad académica que debería tener una tesis real, lo único que estamos haciendo en la mayoría de estos casos de la vida cotidiana es esconder nuestro miedo a aceptar que nos equivocamos o que no necesariamente somos tan coherentes como nos gustaría ser y mucho menos tan perfectos. Ese miedo a decir "Sí, me acabas de hacer notar que no tiene sentido lo que digo y que simplemente tengo miedo a quedar mal, a mostrar que no soy tan coherente como creo serlo, a no ser tan perfecto o tan erudito como me muestro ante los demás".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y sí, sé que de manera consciente y racional sabemos bien que no somos perfectos. Dudo mucho que alguien sano mentalmente, hablando fuera de bromas y en su sano juicio pueda discutir eso. Pero una cosa es lo que racionalmente pensamos y otra muy distinta es lo que hacemos cuando nos sometemos a cara a cara a caer de los más alto de la torre de nuestro propio orgullo. Vemos entonces si no le perdemos el miedo a caer, a aceptar que somos humanos y no máquinas perfectas, viviremos siempre prevenidos y encadenados al miedo que nos ha causado nuestro propio orgullo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso, sería bueno que pensemos un poco en bajar la altura de la torre de nuestro orgullo y perderle miedo a la caída. En otras palabras, sería bueno que nos recordáramos a diario que simplemente somos humanos y que nos podemos equivocar. Esa es precisamente una de las cosas que nos hace humanos. A veces es mejor decir cosas como "Lo siento, me equivoqué" o "¿Sabes qué? Me has hecho notar que me falta claridad sobre este tema. Me gustaría meditarlo un poco a solas y retomar la idea después" o incluso "No lo sé, tal vez sólo tengo miedo y quisiera hacerlo a mi manera, para sentirme más seguro".&lt;/p&gt;</content><category term="General"/></entry><entry><title>Causa directa y causa de raíz</title><link href="https://stevenesquea.com/2412050953/causa-directa-y-causa-de-raiz/" rel="alternate"/><published>2024-12-05T09:53:00-05:00</published><updated>2026-02-16T14:01:00-05:00</updated><author><name>Steven Esquea</name></author><id>tag:stevenesquea.com,2024-12-05:/2412050953/causa-directa-y-causa-de-raiz/</id><summary type="html">&lt;p&gt;A veces nos molestamos ante una situación. Alegamos que todo se debe a una cosa u otra que ocurrió hace mucho tiempo. Y sí, puede que en muchas ocasiones, aquello de lo que tanto renegamos haya sido, de alguna manera, el inicio de todo, un desencadenante lejano que provocó una …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;A veces nos molestamos ante una situación. Alegamos que todo se debe a una cosa u otra que ocurrió hace mucho tiempo. Y sí, puede que en muchas ocasiones, aquello de lo que tanto renegamos haya sido, de alguna manera, el inicio de todo, un desencadenante lejano que provocó una especie de reacción en cadena que causó otros problemas.  No obstante, muy a menudo la causa directa no tiene nada que ver con eso, sino a una mala planificación de nuestra parte, a una mala decisión, en últimas. Nos molestamos y renegamos por la causa raíz, pero no tenemos en cuenta que a veces el problema podría haberse evitado simplemente planeado mejor las cosas. ¿Elimina eso el problema de fondo? No, por supuesto que no, pero es absurdo culpar a tus padres por TÚ haber tomado la decisión de gastar TU dinero comprado un artículo de moda para TI que TÚ no podías permitirte.&lt;/p&gt;
&lt;!---
Pensemos por un momento en un caso hipotético, aunque no muy alejado de la realidad, de la desigualdad que puede haber en un país. Sí, esa desigualdad puede generar conflictos que a veces pueden llevar a diversos problemas sociales, mismos que a su vez pueden desencadenar en delincuencia. No es raro que muchas veces esa delincuencia pueda estar fuertemente concentrada en puntos específicos de una ciudad. Supongamos que uno de esos puntos es una calle de mala reputación muy conocida por la que podemos decidir si pasar o no. Y nosotros sabemos que dicha calle tiene ese problema. Un día, por cosas de la vida, pasamos por allí, pero estuvimos de malas y nos robaron. Luego nos quejamos, renegamos y empezamos a culpar al país, al gobierno, a la política monetaria, al sistema de pensiones, a los bajos salarios, etc. Por supuesto, jamás la culpa es nuestra, sino de los otros. ¿Algún parecido con la realidad? Bueno, es en este tipo de situaciones en donde suelo decir que si bien el problema de fondo puede venir de la desigualdad o cualquier cosa social compleja difícil de analizar, el problema directo, aquel que causó el problema en primera instancia, no fue la desigualdad, ni el gobierno, ni nuestros padres, sino la decisión nuestra de pasar por esa calle. ¿Y por qué lo hicimos? Tal vez fue porque íbamos tarde a una cita con el dentista a primera hora de la mañana. ¿Y porqué íbamos tarde a la cita? No lo sé, quizás porque nos ha costado salir de la cama aquel día. ¿Y por qué nos ha costado? Porque la serie de Netflix estaba muy buena y no podíamos parar de verla la noche anterior. ¿A quién culpamos ahora? ¿a Netflix? Por supuesto que no. Este tipo de análisis a veces molesta a muchas personas, porque voltea la culpa hacia la víctima. Pero es precisamente ahí donde radica el problema, creo yo, que solemos vivir tomándonos a nosotros mismos como víctimas de la vida, Y en tal situación es muy difícil que nos responsabilicemos de nuestras decisiones. Lo curioso es que esto que digo no es algo nuevo. De hecho, esta es una idea que ya muchos libros la han tratado de diversas maneras y ciertamente es una realidad que es difícil de objetar, sea cual sea la excusa de la que uno se quiera pegar.
--&gt;

&lt;!--
Pero analicemos todo con calma. Pensemos por qué una persona se mete por una calle insegura si sabe que lo es. Una opción es que simplemente no tuvo opción. Y sí, esto es algo que a veces ocurre y no hay nada que hacer. Cuando toca, toca. ¿Pero ese siempre el caso? No creo. Me atrevo a decir que la gran mayoría de veces esto ocurre simplemente porque
--&gt;

&lt;!--

Supongamos también que en un momento dado debemos ir al dentista, pero vamos un poco tarde, porque creímos tener el tiempo suficiente para llegar al lugar de destino. Eso nos lleva, de alguna manera, a que tengamos que elegir entre una calle más segura, pero por la que tardamos más o la calle más corta, que casualmente es la más insegura, aquella en la que se concentra la delincuencia de la que hablábamos. Decidimos entonces pasar por la insegura y, por cosas de la vida, ese día estuvimos de malas y nos terminan robando. Es aquí donde digo yo que a veces los seres humanos nos centramos en culpar al gobierno, a la 
--&gt;

&lt;!--
Esto es lo que ocurre a menudo cuando culpamos a nuestros padres de cosas de nuestra vida adulta. Sí, es cierto que nuestra crianza forja mucho de nuestro carácter, ¿pero en serio vas a culpar a tus padres porque malgastas tu dinero o porque llegas tarde a una cita médica? ¿O en serio te parece justo culpar a tus relaciones pasadas de que ahora tú decidas ser un desgraciado con otras personas? ¿En serio vas a culpar a los demás por una decisión completamente tuya?
--&gt;

&lt;p&gt;No lo sé, pero a veces creo que el hecho de que culpemos a otras personas o sucesos está más vinculado al victimismo al que solemos estar acostumbrados y que, en última instancia, no nos deja crecer como profesionales o como personas.&lt;/p&gt;</content><category term="General"/></entry></feed>